Muchos crecimos con el programa humorístico del Chavo del 8 y, seguramente reímos a carcajadas con las ocurrencias de cada uno de sus personajes, recuerdo como si fuera ayer que, Doña Florinda siempre se mostraba con aquellos tubos en la cabeza, su mandil y con una cara de pocos amigos, siempre preparada para lanzar gritos y poner en su lugar a cualquiera.
Este personaje tan peculiar creado por Chespirito es una caricatura, pero también un espejo exagerado de comportamientos que a veces se cuelan en las oficinas, los equipos y hasta en la alta dirección.
Hace algunos años Rafael Ton escribió el libro “El síndrome de Doña Florinda” haciendo una comparación entre un personaje que es capaz de insultar y menospreciar a los de su entorno (aun cuando están en igualdad de circunstancias) con todas aquellas personas que tienen una conducta incorrecta con los demás. Pero… ¿qué es el “síndrome de Doña Florinda” en una organización?
Existen cuatro signos de este síndrome en el área de trabajo:
- El favoritismo al estilo Quico.
El personaje de Quico se ve reflejado en aquellos colaboradores que reciben un trato especial por parte de sus jefes porque, al igual que Quico, obtienen algunos privilegios, aunque no lo merezcan, por ejemplo, horarios flexibles, promociones dudosas o decisiones que benefician solo a unos cuantos. Este tipo de favoritismo mina la confianza de aquellos colaboradores que se esfuerzan por hacer bien sus tareas, además, se fractura el trabajo en equipo y se genera tensión entre compañeros de trabajo.
- Existe un control absoluto.
En el programa del chavo del 8, veíamos a una Doña Florinda que decidía de manera arbitraria quién entraba, quién no, qué se hacía, cómo se hacía… y sin consultar a nadie. En las organizaciones, este síndrome se manifiesta cuando líderes o jefes quieren controlarlo todo. No están dispuestos a delegar, son desconfiados y todo debe pasar por su aprobación. ¿El resultado? Equipos desmotivados, lentitud en los procesos y cero creatividad e innovación.
- La constante queja.
“¡Tenía que ser el Chavo del 8!” —grita Doña Florinda cada vez que algo sale mal, señalando culpables sin investigar. Cachetea a Don Ramon, incrimina al chavo y siempre voltea a ver a su alrededor, para ver quién la tiene que pagar. En la oficina, esto se traduce en líderes o jefes que culpan en lugar de escuchar, que se quejan del equipo en lugar de desarrollarlo. ¿El problema? Nadie quiere proponer nada por miedo a ser señalado o castigado.
- Las relaciones son verticales y distantes.
Doña Florinda no se mezcla con cualquiera, cree que los demás no están a su altura y por ello, solo conversa con quienes están «a su nivel» (como el Profesor Jirafales) y trata con desprecio a quienes considera inferiores. En una empresa, esto se refleja en culturas jerárquicas donde no hay diálogo entre puestos, el jefe no conversa ni se acerca a sus colaboradores, porque lo considera una pérdida de tiempo y la empatía brilla por su ausencia.
Como podemos darnos cuenta, el síndrome de Doña Florinda es más común de lo que parece. A veces lo encarnan personas, pero otras veces está tan arraigado en la cultura que nadie lo cuestiona. Para superarlo, necesitamos líderes o jefes más humanos, que se acerquen a su gente, los escuchen y acompañen en los procesos, también es fundamental desarrollar una cultura de confianza, donde se delegue y se valore en trabajo en equipo. Se necesitan ambientes donde el error no se castigue, sino que sea visto como oportunidad de aprendizaje.
Si en tu organización hay alguien que se parece un poco a Doña Florinda… ¡No lo critiques! Mejor invítalo a una taza de café, y muéstrale que se puede liderar con cercanía, apertura y sin necesidad de gritarle a nadie por la ventana. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.
Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos, Trainn, mx.
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