Aprender a soltar la piedra.

¿Alguna vez has escuchado hablar del mito de Sísifo? Es importante reconocer que es difícil encontrar el mito completo en los textos antiguos, sin embargo, hoy sabemos que Sísifo fue un rey inteligente, pero su ambición y astucia lo llevaron a engañar a los dioses del olimpo.   Por su soberbia, Zeus lo castigó de una forma cruel: debía empujar una enorme piedra cuesta arriba por una montaña. Pero justo cuando estaba por llegar a la cima, la piedra rodaba de nuevo hacia abajo. Y Sísifo tenía que empezar otra vez… una y otra vez, para siempre.

El mito nos habla de un castigo permanente, pero el suplicio no solo era físico, sino también mental: diario tenía que empujar esa piedra sin descanso, sin recompensa y sin sentido. Actualmente, muchas personas en el mundo viven algo parecido. Los hombres y mujeres del siglo XXI no empujan una piedra en la montaña, pero sí, invierten muchas horas de su vida frente a una computadora cubriendo muchas horas de trabajo, asistiendo a reuniones sin fin, revisando correos todo el tiempo, atendiendo llamadas, haciendo reportes y sintiendo que el tiempo se va como agua entre las manos. En el presente no empujamos una piedra, pero sí, infinidad de tareas, pendientes y compromisos laborales.

Durante décadas, la sociedad ha promovido la competencia y el trabajo incansable, instaurando la idea de que estar siempre ocupado es sinónimo de éxito y triunfo. Pero ¿a qué precio? Cada vez más personas se sienten agotadas, vacías y sin espacio para disfrutar de lo verdaderamente esencial: su familia, sus amigos o, simplemente, un momento de calma.

La historia de Sísifo representa lo absurdo: vivimos con la sensación de que la vida no tiene sentido, sin embargo, cada día nos levantamos y continuamos con tareas y actividades que siguen representado solo un deber cotidiano, pero no una inspiración ni un propósito. Nos esforzamos sin parar, convencidos de que la felicidad llegará cuando logremos más… pero apenas alcanzamos una meta, ya aparece otra.

No quiero decir que trabajar está mal, pero estoy convencida que muchas veces trabajamos sin saber por qué o para qué lo estamos haciendo. Muchas personas viven atrapadas en rutinas que no eligieron, presionadas por demostrar su valor personal y profesional a través del rendimiento personal. Se sienten libres, pero, en realidad están encadenadas a la idea de ser productivos todo el tiempo. 

El trabajo nos dignifica como seres humanos y, además, nos permite cubrir necesidades de orden personal y profesional, así que la solución no está en renunciar, sino que lo hagamos con sentido. Hay que detenernos un momento y preguntarnos: ¿Para qué hago lo que hago? ¿Qué estoy sacrificando por renunciar a descansar? ¿En que medida debo trabajar sin comprometer mi paz, mi salud y mi relación con los demás? 

Recuperar el equilibrio no significa renunciar a nuestro trabajo, pero sí, vivir con propósito, libertad y tranquilidad. Podemos seguir empujando nuestra roca, sí, pero también detenernos a mirar el paisaje, compartir con quienes amamos y disfrutar lo que ya hemos logrado.

Sísifo, estuvo atado todo el tiempo a la montaña y la roca, pero nosotros podemos administrar nuestro tiempo y actividades, elegir trabajar con propósito y vivir momentos que nos hacen sentir vivos. El trabajo es importante, pero evitemos que se vuelva un fin en si mismo. No se trata de dejar de empujar nuestras actividades y compromisos, sino de hacerlo con sentido, sin olvidar que la verdadera cima no está en el éxito, sino en tener paz interior. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado. Contáctanos.

Por Carmen Benavides, Directora de contenidos, Train MX.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *