En el año 2008 se estrenó en México la película titulada “Horton y el mundo de los Quién”, esta cinta trata la historia de Horton, un elefante muy noble quien descubre que dentro de una diminuta mota de polvo existe una ciudad entera, habitada por seres microscópicos que claman ser escuchados. Aunque nadie más puede oírlos, Horton decide protegerlos, guiado por una convicción que atraviesa toda la historia y que nos da un tremendo mensaje: “Una persona es una persona, sin importar su tamaño.”
Hoy quiero llevar esta bella metáfora al mundo organizacional, ya que, a menudo, pasamos por alto una realidad: en todas las empresas coexisten voces que no siempre son escuchadas. Personas que, por su timidez, historia personal, posición jerárquica, su género, sus creencias, su edad o su condición de salud, pueden convertirse en “motas de polvo” invisibles para la mayoría. No porque no existan, sino porque el sistema, en su velocidad y rigidez, no se detiene a escuchar.
Existen formas muy sutiles, pero poderosas, de ser apático con los demás: una petición ignorada, un gesto de indiferencia, una idea descartada sin reflexión, un malestar emocional minimizado, una situación de violencia o exclusión que se tapa bajo la alfombra del “aquí siempre ha sido así”. En la película, los demás animales ridiculizan a Horton por preocuparse por lo que no ven ni oyen, y en las organizaciones muchas veces se estigmatiza al que muestra sensibilidad, al que pregunta, al que se detiene a escuchar, al que defiende una causa incómoda, ¿acaso existe alguna diferencia entre la película y la realidad?
Un hecho es que las organizaciones no crecen desde la indiferencia, sino desde la empatía y la escucha activa. Escuchar es más que oír palabras: es reconocer al otro desde su unicidad y autenticidad, es validar su conocimiento y experiencia, implica generar espacios donde su voz tenga eco. En cada área de trabajo hay colaboradores atravesando momentos difíciles, enfrentando duelos, lidiando con cargas invisibles o sintiéndose solos. No siempre lo dicen, pero lo viven. ¿Quiénes son los Horton de nuestras organizaciones? ¿Quiénes alzan la voz para proteger a los más vulnerables, aun a riesgo de incomodar?
Me conmueve ver cómo en un punto crucial de la historia, todos los habitantes de “Villa Quién” se unen para gritar al unísono, y es ese esfuerzo colectivo lo que finalmente permite que los demás los escuchen. La metáfora de los Quién nos recuerda que incluso la voz más tenue, cuando se suma a otras voces, puede transformar la realidad. En una organización saludable, la cultura del cuidado debe ser una responsabilidad compartida, no delegada solo al área de Recursos Humanos.
Las organizaciones del siglo XXI están ávidas de líderes con oído sensible, compañeros con mirada empática y estructuras que fomenten la inclusión real. Escuchar a quienes sufren en silencio, detectar las señales del agotamiento, del miedo o de la resignación, puede marcar la diferencia entre una organización que sobrevive y una que verdaderamente florece.
Porque, al final del día, una persona es una persona, sin importar su puesto, su voz temblorosa, o el “tamaño” que le asignemos. Que nuestras decisiones, nuestras políticas y nuestros gestos cotidianos no ignoren nunca a quienes nos necesitan. Que no tengamos que esperar a que alguien grite para empezar a escuchar. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.
Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos, Trainn Mx
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