La historia de un ser humano imperfecto

Vivimos tiempos de increíbles cambios sociales, económicos y tecnológicos, una época llena de hipersensibilidad e incertidumbre en la que una acción, una palabra o un error puede ser suficiente para que una persona sea borrada del mapa social.

Impera la cultura de la cancelación, cuyo afán por señalar injusticias o comportamientos que se alejan de nuestra forma de pensar, a veces olvida algo esencial: “la humanidad de quienes se equivocan”. Por este motivo, hoy te comparto una carta anónima que nos invita a mirar más allá del rechazo y la condena, a reconocer que detrás de cada error existe una historia de vida, aprendizaje y esperanza.

A quien corresponda.

No sé en qué momento mi nombre dejó de ser mío y se convirtió en algo despreciable para los demás.

 No sé cuándo pasé de ser una persona con identidad propia y una personalidad compleja y llena de matices, a convertirme en un error que debía ser eliminado de todas partes, como si fuera una peste que, con su sola presencia contamina a todo aquel que esta a su alrededor.

Hace no mucho estaba construyendo mi vida, haciendo planes, construyendo mis sueños, mis metas, sí, al igual que todos los que conozco, cada uno de mis aprendizajes contaban.

Un día, me vi reducido a una ominosa y vergonzosa tendencia, a un comentario irónico, a un ejemplo de lo que no debía hacerse.

“Me cancelaron”.

Así, de golpe, sin posibilidad de explicarme, ni de abogar en mi defensa, sin espacio para el contexto, sin margen para crecer. Todas las bocas se abrieron para atacar y destruir mi imagen, en cada mirada encontraba el desprecio recalcitrante que te reduce a la nada.

No escribo esta carta para justificarme. Sé que cometí errores, soy humano. Ahora, soy consciente de que las palabras o las acciones hieren más de lo que uno imagina. Asumí la responsabilidad en silencio, cuando el ruido era tan ensordecedor que cualquier intento de disculpa parecía inútil.

Lo que muchos no ven —o no quieren ver— es que los errores son parte de la condición humana, todos en algún momento, hemos fallado, herido y también tropezado, muchas veces aprendemos a la mala. Somos humanos y todos, sin excepción, tenemos nuestro lado oscuro, pero vivimos en una sociedad que lanza la primera piedra, primero fusila y después pregunta, sin dar oportunidad de explicar o enmendar nuestros errores.

Ser cancelado no duele sólo porque se pierden oportunidades. Duele porque te arrebata la confianza en ti mismo. Duele porque miras a tu alrededor y ves que la gente, incluso la más cercana, prefiere alejarse antes que arriesgarse a quedar salpicada.

Lo doloroso de que te coloquen la letra “V” de vergüenza, es que el castigo es desproporcionado, porque dependiendo de qué lado del charco te encuentres, el castigo será brutal y, sobre todo, eterno.

Hasta el día de hoy nadie me preguntó qué aprendí de todo esto. Nadie me ofreció un espacio para reconstruirme.

Hoy puedo confirmar que la cultura de la cancelación no enseña; ejecuta. No repara; destruye.

Escribo esta carta no para pedir piedad, ni para reescribir la historia, lo hago para recordarles que soy más que mis errores. Todos tenemos la oportunidad de cambiar, de crecer, de ser visto en su totalidad y no solo por el fragmento de sí mismo que falló.

Ojalá aprendamos a ser una sociedad que no tema señalar lo injusto, que denunciemos todo aquello que socava la dignidad del ser humano, pero que también entienda que la verdadera justicia es inseparable de la compasión por los demás. Ojalá, la próxima vez que un nombre sea lanzado al vacío, que cuando decidamos compartir una publicación que comprometa la reputación de alguien, recordemos que detrás del nombre hay una vida, una familia, un dolor, un deseo sincero de ser mejor.

A ti, que lees esto:

“No olvides que tú también eres más que tus errores”.

Cada vez que participamos en una cancelación pública, tenemos en nuestras manos el poder de destruir o de construir.

Quizá el verdadero cambio social no radique en eliminar personas, sino en permitir que los errores se conviertan en lecciones, y las lecciones en caminos de transformación. Porque al final, todos, sin excepción, estamos en proceso de ser mejores versiones de nosotros mismos. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.

Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos, Trainn, mx.

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