La vida no es lineal y como tal, tiene distintos matices, a veces experimentamos momentos de gozo y felicidad, pero en otras ocasiones vivimos períodos de sufrimiento, dolor, enojo y tristeza; sortear estas condiciones puede implicar a una gran carga de estrés que afecta nuestra salud física y mental.
El estrés se ha convertido en un problema de salud pública, un estudio de la Universidad del Valle de México arrojó que, más del 73% de los mexicanos tiene estrés, afectando no solamente a los adultos, sino también a niños y adolescentes. El estrés es una parte inevitable de la vida humana. Desde las presiones laborales hasta los desafíos personales, todos experimentamos situaciones que pueden desencadenar respuestas de estrés en nuestro cuerpo y mente. Es importante mencionar que, no todo el estrés es igual. En realidad, el estrés se divide en dos categorías principales: eustrés y distrés. Estas dos formas de estrés tienen efectos diferentes en nuestra salud y bienestar, lo que subraya la importancia de comprender sus diferencias y cómo manejar cada uno de ellos.
Comencemos por el “eustrés”, también denominado «buen estrés», es una forma de estrés que surge de situaciones que percibimos como desafiantes, pero que tenemos la capacidad de manejar. Por ejemplo, el eustrés puede manifestarse cuando nos enfrentamos a un proyecto emocionante en el trabajo o en la escuela, planificamos una fiesta, esperamos la llegada de un bebé o nos preparamos para una competencia deportiva. Aunque estas situaciones pueden generar cierta tensión, nerviosismo, preocupación o ansiedad, también están acompañadas de alegría, motivación, emoción y capacidad para afrontar los desafíos que se presentan en el día a día. En esencia, el eustrés impulsa nuestro rendimiento, nos ayuda a explorar nuestras capacidades y nos permite crecer y alcanzar nuestras metas.
Por otro lado, el “distrés”, conocido como «mal estrés», surge de problemas o situaciones que percibimos como abrumadoras, amenazantes o fuera de nuestro control. El distrés puede ser el resultado del desempleo, problemas de orden económico, conflictos interpersonales, pérdidas personales o situaciones traumáticas del pasado o recientes. A diferencia del eustrés, el distrés está asociado con sentimientos de ansiedad, miedo, desesperanza, tristeza, desamparo y agotamiento.
A largo plazo, el distrés puede tener efectos negativos en nuestra salud física y mental, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares, gastrointestinales, trastornos del sueño, depresión y ansiedad crónica, entre otras.
La diferencia fundamental entre el eustrés y el distrés radica en la forma en cómo percibimos y respondemos a situaciones estresantes. Mientras que el eustrés implica una percepción positiva para hacer frente a los desafíos a través de los recursos personales, el distrés conlleva una percepción negativa y una sensación de indefensión o falta de control. La forma de apreciar las situaciones o problemas cotidianos define en gran parte lo que puede ser eustrés para una persona y distrés para otra, ya que nuestra personalidad, contexto y capacidades individuales influyen en cómo enfrentamos las situaciones estresantes. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado. Gracias por leer nuestro articulo escrito por Carmen Benavides Directora de contenidos
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