Hace algunos años leí el libro titulado “Los cuatro acuerdos” en el cual, el autor Miguel Ruiz, nos comparte una filosofía de vida heredada por los toltecas y que consiste en aplicar cuatro principios fundamentales: sé impecable con tus palabras, no tomes nada personalmente, no hagas suposiciones y haz siempre lo máximo que puedas. En su conjunto, estos acuerdos nos generan un crecimiento personal y una mejora significativa en nuestra relación con los demás.
Miguel Ruiz y muchos especialistas en materia de comunicación ya nos han advertido que, si desarrollamos esta habilidad, seremos aptos para crear organizaciones más sólidas y estables, sin embargo, seguimos arrastrando graves problemas por la falta de comunicación efectiva, misma que afecta las relaciones humanas dentro y fuera de las organizaciones.
La complejidad de las relaciones humanas se hace evidente cuando dos o más personas entran en el juego maquiavélico de suponer cosas en lugar de preguntar y propiciar una comunicación más abierta y sincera. En la difícil danza de la comunicación humana, a menudo nos encontramos atrapados en un laberinto sin salida de suposiciones. Nos deslizamos sin darnos cuenta hacia el territorio de los malentendidos y las interpretaciones erróneas. Sin embargo, existe un faro de claridad en este océano de incertidumbre: la simple pero poderosa premisa de «No supongas, mejor pregunta».
El problema de las suposiciones es que creemos que lo que pensamos es cierto y es entonces, cuando las suposiciones se convierten en sombras que oscurecen el camino de la comunicación. Nos impulsan a llenar los vacíos de información con nuestras propias interpretaciones, que a menudo están teñidas por nuestros prejuicios, miedos y experiencias pasadas. Las suposiciones afectan nuestro estado emocional y, por lo tanto, pueden conducir a malentendidos, conflictos, resentimientos y fracturas en nuestras relaciones personales y profesionales.
En contraste con lo anterior, el acto de preguntar es una luz que disipa las sombras de la incertidumbre. Al hacer preguntas, mostramos interés genuino, fomentamos la empatía y creamos un espacio para la comprensión mutua. Desde tiempos remotos, las preguntas han disipado las dudas del ser humano en casi todos los aspectos de su vida. Para hacer filosofía, tenemos que preguntar y lo mismo aplica para desarrollar ciencia y tecnología, porque cuando preguntamos liberamos nuestros pensamientos y podemos avanzar en todas las áreas de nuestra vida. Preguntar nos permite desafiar nuestras propias suposiciones, abrirnos a nuevas perspectivas y construir conocimiento y relaciones basadas en la transparencia y el respeto.
A continuación, te comparto dos estrategias para aplicar «No supongas, mejor pregunta»:
- Debemos cultivar la habilidad de cuestionar nuestras propias suposiciones y las de los demás. Esto implica practicar la escucha activa, formulando preguntas claras y abiertas, y validando nuestra comprensión antes de sacar conclusiones precipitadas.
- Tener humildad y disposición para admitir cuando no tenemos toda la información y estar abiertos a aprender de los demás.
«No supongas, mejor pregunta» no es simplemente un lema, sino una filosofía de vida que puede transformar la forma en que nos relacionamos unos con otros. Al adoptar este enfoque, podemos construir puentes de comunicación que trascienden las barreras del malentendido y la discordia. En un mundo donde la comunicación clara y efectiva es más crucial que nunca, la práctica de preguntar en lugar de suponer se convierte en una herramienta invaluable para construir relaciones sólidas y promover la comprensión mutua. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.
Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos Trainn mx.
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