Es increíble la manera en cómo la hiperconexión ha transformado nuestras vidas. En el hogar, el trabajo y la escuela nos mantenemos conectados todo el tiempo a las redes sociales, las aplicaciones de mensajería, los correos electrónicos y también a las plataformas digitales. Nos dormimos viendo el celular y al despertar, lo primero que hacemos es conectarnos, para saber lo que sucede a nuestro alrededor. Hacemos ejercicio escuchando Spotify, manejamos y somos asistidos por Google Maps, por si fuera poco, los automóviles cuentan con un dispositivo (manos libres) que permite realizar y recibir llamadas telefónicas sin necesidad de usar las manos.
Esta disponibilidad constante de información y la interacción digital nos ha sumergido en un ciclo en el que estamos permanentemente atentos a lo que sucede en nuestro entorno, difícilmente encontramos tiempo para conectar con nosotros mismos. Los compromisos personales, laborales y académicos nos exigen mantenernos conectados a los dispositivos digitales todo el tiempo, sin embargo, en medio de tanto ruido, surge una necesidad vital: la de desconectarse.
Desconectarse significa tener un reencuentro con nuestra esencia, nuestras emociones y sentimientos, así como la posibilidad de fortalecer el autoconcepto y la relación con los demás, a partir de reducir la dependencia de la tecnología y el flujo ininterrumpido de información, para reflexionar acerca de la vida, y alcanzar un equilibrio mental y emocional que favorezca nuestro crecimiento personal.
La conexión permanente a dispositivos electrónicos ha transformado no solo la forma de comunicarnos con los demás, sino también el modo en cómo nos percibimos a nosotros mismos y a los que nos rodean. El entorno digital puede resultar muy perverso, pues solo nos permite ver aquello que es agradable a la vista; las redes sociales son un claro ejemplo de ello, porque actúan como un iceberg, donde solo podemos ver la punta, nos muestra lo superficial, lo bonito y la mejor versión de las personas, escondiendo en lo profundo comportamientos y actitudes que muchas veces no corresponden a las imágenes que la gente comparte en estos medios.
Lo anterior, puede afectar nuestra autoestima y también la forma de ver la vida, ya que, en lugar de enfocarnos en nuestro propio bienestar, nos vemos arrastrados por el deseo de encajar en moldes impuestos por estándares externos.
Aunado a lo anterior, la sobrecarga de información y la constante disponibilidad de estímulos nos impiden vivir en el presente. Nuestros días están repletos de multitareas y notificaciones que generan fatiga mental y emocional. La tecnología nos mantiene conectados con los demás, pero nos aleja de nuestra capacidad para reflexionar, para escuchar nuestro interior y para comprender lo que realmente necesitamos. En este contexto, desconectarse de manera consciente se convierte en un acto de autocuidado necesario.
Desconectarse significa hacer una pausa, tomar un respiro y crear espacios de introspección. No se trata de renunciar al uso de la tecnología, en la actualidad sería un absurdo no reconocer la importancia de las Tic en la vida cotidiana, pero resulta imprescindible brindarnos la oportunidad de restablecer el contacto con nuestras emociones, pensamientos y deseos más profundos, aquellos que a menudo quedan opacados por la constante estimulación externa.
La desconexión digital es una herramienta que puede adoptar muchas formas, por ejemplo, tomar un día libre de dispositivos electrónicos, practicar la meditación, caminar al aire libre o destinar espacios exclusivos al autocuidado. Estos momentos de silencio y reflexión nos permiten hacer una pausa en nuestras vidas, cuestionar nuestras prioridades y reconsiderar lo que realmente valoramos. Al desconectarnos, podemos recuperar nuestra capacidad de tomar decisiones conscientes, en lugar de ser arrastrados por las presiones externas o por la rapidez del flujo digital.
Además, la desconexión digital se convierte en una oportunidad para enriquecer nuestras relaciones interpersonales, pues con ello, fomentamos una interacción cara a cara a través de una comunicación más profunda y significativa, creando vínculos más sólidos y satisfactorios con los demás.
La desconexión, lejos de ser un lujo, es una práctica esencial para la salud mental y el crecimiento personal, permitiéndonos reconectar con lo más importante: nuestra esencia y nuestro propósito. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.
Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos Trainn Mx
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