Pajóm como metáfora del exceso.

Alla por 1886, León Tolstói, escritor y dramaturgo de literatura infantil publicó un cuento breve, incomodo y vigente hasta nuestros días. En ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, Tolstói narra la historia de Pajóm, un campesino convencido de que su vida sería mejor si tuviera un poco más de tierra. Al principio no quiere demasiado, solo lo necesario para vivir tranquilo. Sin embargo, cada logro despierta un nuevo deseo, y lo que parecía suficiente deja de serlo rápidamente. Le presentan una propuesta tentadora: podrá quedarse con toda la tierra que logre recorrer a pie, la única condición es que todo sea en un solo día.

Pajóm entusiasmado empieza su recorrido, quiere avanzar lo más que se pueda, se exige, se sobrepasa. Al final regresa al punto de partida, rendido, sin fuerzas y muere. Su sirviente cava la tumba y lo sepulta. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba. La conclusión es lapidaria: el ser humano, al final, solo necesita la tierra que ocupa su cuerpo al ser enterrado.

El cuento no habla de pobreza, sino de ambición y desmedida. Vivimos en una época de consumismo y excesos en muchos rubros de la vida cotidiana: más ingresos, más metas, más posesiones, más historias y experiencias por contar, más productividad. El problema no radica en tener aspiraciones, sino en “no saber detenernos”. Estamos confundiendo progreso con acumulación y bienestar con consumo constante. En ese contexto, la idea de “vivir con lo suficiente” suele interpretarse como mediocridad o incluso como fracaso. Pero nada más lejos de eso.

Aprender a vivir con lo que realmente necesitamos no significa vivir en carencia, vergüenza o culpa. No se trata de volverse miserables, ni de contar cada centavo. Porque una vida avara, donde el miedo a gastar impide disfrutar, compartir o vivir con plenitud nos resta tranquilidad. El verdadero aprendizaje está en el equilibrio, y este se construye con conciencia.

Disfrutar sanamente de la vida implica identificar qué cosas aportan sentido y cuáles solo llenan espacios y vacíos personales. Un viaje puede ser una experiencia de gran aprendizaje o una huida; un objeto puede ser una herramienta útil o una carga más; el trabajo puede dignificar o enfermar.  La diferencia no está en la cosa en sí, sino en la relación que tenemos con ella. Cuando el deseo por tener más se convierte en una carrera interminable, dejamos de habitar el presente. Siempre estamos proyectados hacia el futuro: el siguiente logro, la siguiente compra, la siguiente meta. Como Pajóm, caminamos cada vez más lejos sin preguntarnos si podremos regresar.

El equilibrio del que tanto se habla implica preguntarse: ¿esto lo necesito realmente o solo es un capricho?, ¿esto me suma o me exige más de lo que me da?, ¿estoy disfrutando o solo acumulando? Vivir con lo suficiente requiere valentía, porque va en contra de la narrativa dominante en los medios de comunicación. Exige renunciar a la comparación permanente y aceptar que no todo lo valioso es visible ni medible.

Tolstói no escribió ese cuento para promover la austeridad extrema, sino para advertirnos del desgaste silencioso que produce la ambición y el consumo sin límite. El problema no es querer más, sino no saber cuándo es suficiente. Y esa respuesta no está afuera, ni en el mercado, ni en la moda, ni en las expectativas ajenas. Está en una reflexión honesta sobre qué tipo de vida queremos construir.

Quizá vivir con lo suficiente sea, en el fondo, aprender a respirar sin prisa. Cargar con una maleta que nos permita avanzar en libertad, sin ataduras ni cansancio. Reconocer que el ser no se llena con el tener, que una vida plena no siempre es una vida llena, y que a veces, al soltar un poco el “más”, recuperamos algo mucho más valioso: el tiempo, la calma y la posibilidad real de estar presentes. .  Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado. Contáctanos.

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