“No es contra ti… no lo conviertas en una guerra”

Vivimos tiempos difíciles cargados de sensibilidad en donde vivir ofendidos se ha convertido en un deporte extremo.  La gente se toma todo personal: un comentario, un gesto, un silencio, un mensaje sin responder, un “buenos días” que sonó seco. Y lo peor… reaccionamos sin pensar, nos enganchamos sin reflexionar, atacamos sin entender. El problema no es lo que nos dicen, sino la manera en cómo interpretamos.

Es increíble que, en la familia, la escuela y el trabajo, el ego se pone a la defensiva y las personas crean historias donde siempre son las víctimas. Nuestra sociedad sufre el mal del “victimismo”. Pero qué pasa si nos detenemos a considerar una opción más sencilla: tal vez no era sobre nosotros.

Miguel Ruiz, autor de la obra “Los cuatro acuerdos”, lo dice con una claridad que debería quedar grabada en nuestra mente: “Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos”, Miguel Ruiz nos lleva de la mano para comprender el segundo acuerdo: No te tomes nada personal.  Este acuerdo es fácil de leer, pero difícil de vivir. Porque el ego quiere sentirse importante, incluso cuando se trata del problema. 

Vamos por la vida creyendo que, si alguien está de mal humor, es contra nosotros, si un vecino o un colega no nos saluda, es porque nos desprecia, y alguien no nos invita, es porque nos rechaza. Si alguien nos quiere corregir, nos sentimos humillados Creemos que, si nuestro conocido está de mal humor, es contra nosotros. Lo que no pensamos es que probablemente la otra persona este peleando sus batallas internas, o quizás este cansado, enfermo o distraído ¿Por qué todo tendría que girar alrededor de nosotros?

Todo el tiempo suponemos que lo que los demás hacen tiene que ver con nosotros, y nos llevamos toda una vida malinterpretando y sufriendo por no preguntar y aclarar aquello que creemos que es contra nosotros. Las creencias personales nos llevan a juzgar y a tomar todo de manera personal y empezamos a construir muros donde solo había confusión. Seamos realistas, muchas veces el problema no fue lo que pasó… sino lo que interpretamos.

Es imposible ir por la vida pensando que nuestro jefe nos atacó solo porque nos dio retroalimentación, o que aquel compañero de trabajo que no nos contempló para trabajar en un proyecto ha traicionado nuestra confianza. La mente se vuelve experta en fabricar historias tóxicas y alejadas de la realidad. El orgullo nos pone a la defensiva. El resultado es que dejamos de colaborar, bloqueamos, difamamos e incluso renunciamos. Pero ¿cuántas oportunidades destruimos solo por no preguntar, no escuchar, no entender el contexto? En el mundo laboral, quien se toma todo personal no puede crecer, porque ve enemigos, ataques y rechazo en la retroalimentación, los limites y los criterios organizacionales. 

En la vida académica pasa lo mismo. Un docente hace una crítica y el estudiante se siente humillado. Un alumno no participa y el docente cree que es apatía, cuando quizás es miedo. Cuando tomamos todo personal nos hacemos lentos para comprender y rápidos para señalar. Y eso mata el aprendizaje. Aprender implica equivocarnos sin sentir que el error nos define como personas.

Seremos libres cuando entendamos que la mayoría de las personas no piensa tanto en nosotros como lo creemos. La gente va por el mundo con su historia de vida, sus problemas personales, su estrés, su personalidad y sus inseguridades. Cuando dejamos de tomarnos las cosas de manera personal, recuperamos nuestra libertad emocional

Recordemos que, no tomarnos las cosas de manera personal no significa que permitamos abusos, porque no se trata de ser indiferentes, sino conscientes para filtrar con sabidurías el comportamiento de las personas que nos rodean.  Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado. Contáctanos.

Por Carmen Benavides, Directora de contenidos, Train MX.


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