Creer sin analizar: la trampa más cara de nuestra época.

El siglo XXI al alcance de un clic: ¿Quieres obtener ropa, comida, información,
entretenimiento y hasta relaciones personales? basta con que abras una
aplicación, selecciones lo que te agrada y a tan solo un clic lo puedes obtener.
¿Te suena? Al parecer todos hemos caído en la trampa y el costo, aunque
invisible, es muy elevado porque estamos sacrificando lo más importante por lo
más accesible. Elegimos lo inmediato antes que lo valioso.

El problema es que, en medio de tanta prisa y bullicio, dejamos de observar,
escuchar y ya no cuestionarnos. Caminamos a ciegas en un mundo cargado de
estímulos, creemos lo que vemos en redes sin comprobarlo, seguimos tendencias,
personas y hasta partidos políticos sin preguntarnos si realmente nos representan,
y tomamos decisiones sin pensar en las consecuencias. Es aquí donde entra en
juego un recurso que pocos usan, pero que puede marcar la diferencia: el pensamiento crítico.

Pensar críticamente no es un slogan rimbombante, es algo mucho más práctico:
es la capacidad de analizar, cuestionar y decidir con cabeza fría en lugar de
dejarse llevar por la corriente.

Es preguntarte:

¿Esto que estoy leyendo, viendo o escuchando es cierto?

¿Quién gana con que yo lo crea?

¿Lo que esta pasando en mi país es normal?

¿Qué pasa si tomo esta decisión a largo plazo?

El pensamiento critico es como un filtro interno que evita que nos contaminemos
con noticias falsas, compras impulsivas, relaciones tóxicas, proyectos que no nos
convienen. Cuando pensamos críticamente no solo evitamos errores y problemas
de orden personal y profesional, lo interesante es que el pensamiento crítico nos
da una ventaja competitiva en todos los rubros de nuestra vida.

Pensemos en los siguientes escenarios:

a) En el ámbito académico o laboral: Podemos marcar la diferencia, porque
a través del pensamiento crítico podemos entender, analizar y cuestionar
todo lo que nuestros maestros, colaboradores o clientes esperan de
nosotros.

b) En el ámbito social: Pensar críticamente evita que nos convirtamos en presas fáciles de la manipulación por parte de las personas que nos rodean. La ventaja es que tomamos decisiones desde la claridad, no desde la presión.

c) En el ámbito personal: Aprendemos a distinguir entre lo que nos proporciona placer momentáneo y lo que te construye a largo plazo. No estoy diciendo que no tengamos que disfrutar, pero si tenemos que elegir mejor.

Pensemos: “en un mundo donde la mayoría reacciona sin analizar, reflexionar o cuestionar, el pensar críticamente se convierte en un verdadero lujo”.

El pensamiento crítico se entrena, no surge de la noche a la mañana. Por ejemplo, podemos empezar a cuestionar, sobre todo, cuando algo nos parece demasiado bueno para ser verdad, hagamos preguntas incomodas, renunciemos a discursos y contenidos vacíos de sustancia.

Aprendamos a dudar, no aceptemos lo que nos digan a la primera, investiguemos, comparemos y argumentemos, no partiendo desde la opinión, sino desde los hechos ineludibles que se encuentran en los datos. La duda es el primer paso para avanzar en el conocimiento. Antes de elegir pensemos en las consecuencias personales, familiares, sociales o económicas. Preguntemos a los expertos, a los que nos llevan unos cuantos pasos en el camino y gestionemos las emociones, ya que, el pensamiento crítico necesita calma para funcionar.

El pensamiento crítico es esa herramienta que nos da la capacidad de elegir con conciencia, de filtrar lo que realmente te suma y de convertirte en alguien con una ventaja real en todos los aspectos de la vida. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado.

Por Carmen Benavides, Directora de Contenidos, Trainn Mx.

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