El contrato del que nadie habla: La lealtad.

La lealtad es uno de los valores más preciados en las organizaciones, aunque también uno de los menos promovidos por la alta dirección. Damos por sentado que la gente se quedará por el simple hecho de trabajar en la empresa, pero no es así. Los colaboradores se quedan cuando sienten que ese lugar vale la pena, cuando hay respeto, empatía, claridad y coherencia. 

Actualmente, el contrato moral adquiere relevancia y no se trata de un acuerdo escrito, pero sí, de un trato justo, una comunicación honesta y un ambiente sano. Este contrato no se firma en papeles, sino con comportamientos diarios.

A nivel organizacional, los valores, los objetivos y las políticas constituyen la piedra angular de la empresa, la filosofía organizacional se traduce en el deber ser, en tanto que, el ser de cada día se sostiene a través de prácticas cotidianas que enriquecen o empobrecen las relaciones humanas. Durante mucho tiempo se ha creído que la lealtad viene de un empleo estable y un salario puntual, pero eso ya no es así. 

La lealtad es un valor que se construye día con día a través de la congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. No es algo que aparece a través de discursos motivadores ni de enganchar a la gente con beneficios aislados. La lealtad puede llevar mucho tiempo en ganarse, pero poco en perderse. 

¿Qué propicia que la lealtad se vaya perdiendo gradualmente? Existen muchos comportamientos de la alta dirección o la administración de la empresa que generan la apatía y desaliento de los colaboradores, por ejemplo, cuando los jefes hablan fuerte, pero escuchan poco, cuando se promete crecimiento, pero nunca llega y también cuando hay favoritismos o injusticias.

Recordemos que la lealtad se construye cuando los colaboradores pueden expresarse sin miedo, cuando las reglas son claras y el esfuerzo se toma en cuenta, también cuando la comunicación es clara y honesta y los lideres tratan a todos con respeto. La diferencia entre un buen ambiente y un mal ambiente está en estas acciones pequeñas.

La lealtad se construye desde la cúspide de la organización, no basta con tener excelentes prestaciones de trabajo, también se requiere de un liderazgo incluyente y empático que explique en vez de imponer, que reconozca el esfuerzo de las personas y promueva el crecimiento y desarrollo de todos, esto implica, tratar a todos por igual, escuchar y reconocer los errores.

Exigir lealtad sin ofrecerla genera un desequilibrio importante, por ello, si la alta dirección espera lo mejor de los colaboradores, debe está dispuesta a cumplir lo que promete, mantener un clima organizacional sano, apoyar el crecimiento de todos y tener un trato justo y respetuoso. 

La lealtad no se puede forzar, porque cuando la organización demuestra compromiso con la gente, surge de forma natural. La consecuencia por no construir la lealtad como un valor compartido es el desinterés, el desgaste y la rotación de personal. 

A nadie le gusta estar cambiando de trabajo todo el tiempo, la mayoría buscamos estabilidad, buen ambiente de trabajo y un lugar que nos permita crecer a nivel personal y profesional. Cuando nada de esto nos es garantizado en la empresa, entonces no quedarse es una decisión personal. El nuevo contrato moral se traduce en: “Si me tratas bien, me quedo; si no, me voy”. 

La lealtad se gana con lealtad, porque es un valor que se tiene que vivir cada día y no solo quedar en un discurso vacío y carente de voluntad para salir adelante como equipo. Si quieres conocer más acerca del tema comunícate con nosotros, tenemos cursos y talleres para ayudarte a crecer y posicionarte en el mercado. Contáctanos.

Por Carmen Benavides, Directora de contenidos, Train MX

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